¡APRENDIENDO JUNTOS!
Liderazgo para madres i padres
¡Aprendiendo juntos! Es una formación dirigida a madres y padres que quieren acompañar e inspirar a sus hijos en el descubrimiento de sus cualidades y virtudes, que les permita el día de mañana ser personas felices y capaces de contribuir en la construcción de un mundo mejor.
Actualmente, muchas familias por motivos diversos, se plantean si afrontan con las mejores herramientas la educación de sus hijos, su bienestar, su desarrollo, la manera de relacionarse con otros niños y el tiempo de calidad que les pueden dedicar.
Al largo de este proceso compartiremos experiencias, participaremos de una manera consciente y activa, y obtendremos los mejores recursos para acompañar y educar a nuestros hijos.

aprendiendo juntos
La formación está dividida en cuatro módulos:
- El desarrollo emocional en la infancia
- Evolución y desarrollo de la familia
- Competencias para una buena vida en familia y en sociedad
- Liderazgo familiar
Objetivos generales
· Aprender recursos para regular las emociones
· Desarrollar y enriquecer el modelo familiar
· Adquirir recursos para superar momentos difíciles en el ámbito familiar y social
· Conocer los pilares del liderazgo familiar
Contenidos
· Inteligencia Emocional
· Regulación Emocional
· Valores y modelo familiar
· Cualidades y Fortalezas
· Escucha activa y Empatía
· Autoestima y Asertividad
· Liderazgo parental
· Inspiración versus motivación
Metodología
La metodología que se utilizará para realizar el curso será muy dinámica. Las sesiones se iniciaran con una exposición del tema con las principales ideas, para pasar después a la experimentación a través de dinámicas colectivas e individuales. La participación e implicación de los componentes del grupo será importante, pero siempre desde el respeto y atendiendo las individualidades personales.
La parte final se dedicará a compartir y expresar que nos ha aportado la sesión con el objetivo de enriquecernos y aprender juntos.
Coordinación y Formación
Ioan Ani. Coach. Màster en Coaching i Lideratge Personal por la Universitat de Barcelona (Licenciado en Física)
Hermínia Gomà. Coach y especialista en el Desarrollo de la Inteligencia emocional (Licenciada en Psicología)
Francesc Sedò. Coach. Màster en Coaching i Lideratge Personal por la Universitat de Barcelona (Licenciado en Química)
Calendario
Esta formación se realizará en 10 sesiones los miércoles de Octubre a Diciembre.
Fecha de inicio: 6 de Octubre de 2010
Fecha de finalización: 15 de Diciembre de 2010
Horario: 19:00 a 21:00 horas
Lugar de realización: Institut Gomà. Avda. Diacgonal, 358, primera. Barcelona
Importe
150€ por familia
Información e inscripciones:
Institut Gomà
93 208 27 94

Construir una vida en pareja parece que tendría que ser muy fácil. Yo te quiero, tú me quieres, nos queremos y deseamos ser una pareja. Y la mayoría queremos que la relación sea especial y maravillosa “hasta que la muerte nos separe”, pero no siempre sabemos cómo conseguirlo. ¿Hay alguna fórmula secreta para lograrlo? ¿Cómo forjar una profunda y cálida relación de pareja?
Hoy me gustaría hablaros de uno de los factores que en mi opinión es clave para que la relación de pareja saque lo mejor de nosotros:
SABER CONVIVIR
Cuantas veces hemos escuchado expresiones del estilo: “la convivencia es muy difícil”, “la convivencia mata la pasión”, “la convivencia conlleva rutina”, etc. Probablemente estas voces tengan parte de razón, pero quizás no sea siempre así. Para mi SABER CONVIVIR, significa:
SABER - VIVIR - CON - ALGUIEN
Saber: Implica humildad para reconocer y aceptar nuestros errores y estar dispuestos a convertirlos en aprendizajes. Así mismo, confiar en nuestro enorme potencial de aprendizaje.
Vivir: Implica que amamos la vida, que vibramos, que podemos disfrutar y apreciar los pequeños regalos que la vida nos ofrece cada día. Que somos conscientes de quien somos y de la vida de pareja que queremos vivir. Que sabemos apreciar y agradecer las pruebas de amor que nos ofrece nuestra pareja. Vivir significa que estamos en el presente, que amamos “aquí y ahora” a nuestra pareja.
Alguien: Implica que a mi pareja la valoro por ella misma, por ser quien es, la respeto y la aprecio, no por ser un medio para mis propios fines sino por ser ella misma. Amar a nuestra pareja sin exigirle, sin expectativas y sin esperar que sea perfecta. Amarla por ella misma, con sus cualidades y sus debilidades, desde el respeto y el cariño.
Con: Implica que hay un proyecto conjunto, que de manera consciente hemos decidido darnos mutuamente lo mejor de nosotros mismos. Que compartimos lo mejor de nosotros, desde nuestra honestidad y libertad. Que queremos adquirir el compromiso de ser pareja.
Probablemente este sea el sueño más íntimo de muchas personas, sin embargo pocas son las parejas que lo consiguen. ¿Qué nos impide lograrlo?
Por una parte todo aquello que a nivel personal e íntimo nos aleja de apreciar la vida: el miedo, los celos, el rencor, la pereza, el autoengaño, la desconfianza, la tristeza, etc. Aquellos sentimientos que sacan lo peor de nosotros mismos y que nos empujan a alzar muros para protegernos y cerrarnos en nuestro aislamiento y dolor.
Por otro lado todo aquello que implica desvestir al otro de su singularidad como ser humano: la falta de respeto, la utilización, el egoísmo, la dependencia, etc. Cuando olvidamos que nuestra pareja es una persona única, especial y diferente. Que es diferente a nosotros y que pretender cambiarla la despoja de su esencia.
Tratar a nuestra pareja como alguien que nos es útil para que cubra nuestros gastos ya que “hoy día con el sueldo de uno no basta”, útil para no sentirnos solos y poder decir que “tenemos” pareja, útil como “canguro” para que alguien se haga cargo de “mis” hijos cuando yo no puedo. Tratar al otro como “una cosa” que si me sirve utilizo, si no me sirve desprecio o abandono emocionalmente.
Otro factor que nos impide convivir con nuestra pareja son todas aquellas “conversaciones” que impliquen discutir, interrogar, amenazar, imponer nuestra razón, criticar y acusar, con lo que conseguimos alejarnos, cerrar nuestra mente y nuestro corazón, dejando profundas heridas en la relación.
Permanecer aferrados al pasado, victimizándonos y culpabilizando al otro por no haber visto, o no haber hecho, o no haber sabido… puede impedirnos vivir el presente. Igualmente, centrar nuestras expectativas en el futuro, esperar que con el tiempo el otro haga o cambie nos alejan de disfrutar el presente.
¿Qué me permitirá convivir con mi pareja de manera plena?
Para poder amar a mi pareja será imprescindible que primero aprenda a amarme yo, para no caer en la trampa de utilizar a mi pareja para sentirme amado por alguien. Si no estoy lleno de mi propio amor, lo que ofreceré será a cambio de algo.
Desterrar el miedo y la pereza de mi vida. Es decir, confiar en mí y en mi pareja y cumplir el compromiso de dar vida a nuestra relación. Esto significará que cuidar la relación será una prioridad en mi vida.
Ser consciente de que quiero escuchar y comprender a mi pareja en lugar de juzgarla con mis palabras o castigarla con mi alejamiento, para generar conversaciones transformadoras.
Transmitir a mi pareja que es importante para mí, apoyarla cuando lo necesite y mediante acciones concretas darle muestras de mi afecto, respeto, consideración y solidaridad.
Construir puentes entre mi pareja y yo, con ladrillos de confianza, amabilidad, perdón, comprensión, compasión y generosidad y amor y así evitar levantar muros que me aíslen y distancien de mi pareja.
Buscar de manera consciente el equilibrio entre autonomía y vínculo. Construir una relación de interdependencia, donde yo me hago responsable de mis propios sentimientos y acciones, pero también soy capaz de buscar apoyo y ayuda en mi pareja. Respetar mis necesidades y las suyas de independencia y desarrollo personal.
Potenciar el diálogo. Expresar mi esencia y conocer la esencia de mi pareja. Iniciar conversaciones con mi pareja con el deseo de mostrarme y abrirme para compartir mis sueños, ilusiones e inquietudes y realmente interesarme por las de mi pareja.
Para amar a mi pareja “aquí y ahora” será imprescindible que me desprenda del pasado a través del perdón y del agradecimiento y no genere expectativas irreales esperando que mi pareja sea alguien que no es.
Apreciar que mi pareja es uno de los espejos más importantes de mi vida, ya que me devuelve una imagen precisa de mi. Lo que no acepto de mi pareja es un reflejo de algo que no acepto en mi. Puedo pensar que el problema “es mi pareja” y por tanto “tiene que cambiar”, o puedo aceptar que soy yo quien ha de cambiar algo y agradecer la oportunidad de aprendizaje que se me ofrece.
Agradecer y reconocer las “pruebas de amor” que mi pareja hace por mi, sin esperar que sean otras.
Pedir a mi pareja lo que necesito, entendiendo y aceptando que quizá no pueda, no sepa o no sea en ese momento lo adecuado para ella.
Conectar con mi alegría, mi paz interior y mi amor para generosamente compartirlos y ofrecerlos a mi pareja.
¿Qué puede ayudarte a ti?
¿Qué necesitas mejorar?
Hermínia Gomà
4 de Julio 2010

Aprender con nuestros hijos puede ser…
¡Lo mejor del día!
A veces los padres estamos tan centrados en nuestras responsabilidades cotidianas, laborales y familiares que olvidamos nuestro papel como referentes para nuestros hijos. Los padres tenemos un papel fundamental en su proceso de maduración emocional y cognitiva. Somos los transmisores de los valores en los que creemos. Cuando nos centramos demasiado en nuestro trabajo o en las tareas familiares, desconectamos de la gran responsabilidad que supone desarrollar el liderazgo de todos los miembros de la familia. Como referentes para nuestros hijos, podemos influimos en ellos mediante nuestro carácter, nuestras emociones y los valores con los que vivimos.
Actualmente demasiados padres ignoramos nuestro protagonismo en la educación de nuestros hijos. Delegamos en la escuela esta tarea, sin consciencia de que aprender es una necesidad humana y de que cuando aprendemos con otros el placer se multiplica y los vínculos se estrechan.
Creemos que llevándolos a una buena escuela, vigilando que hagan los deberes y realizando múltiples actividades extraescolares nuestros hijos estarán capacitados para ser personas integradas en la sociedad, tener un buen futuro y ser felices. Todo esto puede ayudar pero quizás no sea suficiente. ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollarse plenamente? ¿Qué queremos priorizar?
Personalmente considero que el proceso de aprendizaje de cualquier organización, en este caso la familia, sólo se da plenamente, cuando aprendemos todos juntos. Si escuchamos a nuestros hijos y hablamos con ellos, si realmente creemos que podemos aportarles algo, al igual que ellos pueden aportarnos a nosotros, empezamos a poner los cimientos de una familia que aprende junta. ¿Cómo hacerlo posible?
Hace pocos días preguntaba a un grupo de directivos, asistentes a un seminario, de qué manera habían practicado su proactividad a lo largo de la semana. Uno de los asistentes (*), emocionado y feliz narró su experiencia, que con gran generosidad me ha permitido compartir con vosotros:
Habitualmente es él quien acompaña a sus hijos a la escuela cada mañana, ya que su esposa entra a trabajar antes que él. Tiene tres hijos y quería que el trayecto fuera una oportunidad para aprender juntos. De manera proactiva decidió realizar un juego, poniendo en práctica algo de lo que habíamos estado trabajando la sesión anterior. Les propuso lo siguiente:
- Voy a pediros que contéis los árboles y las farolas que iremos encontrando a lo largo de la avenida.
Sus hijos, atentos y concentrados iniciaron la cuenta. Habían conectado con su capacidad para observar más allá de ellos mismos.
El juego, inicialmente no tenía nada de original, seguro que muchos de vosotros lo habéis realizado con vuestros hijos, sobretodo para distraerlos en trayectos largos en coche: ¡Contad los números de las matrículas! ¡Contad los coches de color rojo!, etc…
Volviendo a nuestro ejemplo, los niños, al final de la avenida dieron los resultados: el recuento sumaba el doble de bancos que de farolas. Y fue entonces, cuando su padre hizo el pequeño gesto, aparentemente inocente, que lo cambiaría todo, lanzó una pregunta:
- ¿Qué significa, para vosotros, esta diferencia?
El juego ya no era un entretenimiento. El juego había subido de nivel. Se requería de todo su intelecto, intuición, y emociones. Se les pedía que pensaran por si mismos. A partir de esta pregunta su necesidad de cuestionarse, de reflexionar de dar con una respuesta que explicara el fenómeno provocó tal inspiración que todos participaron alegremente en el proceso. Cuando el tema se agotó, aún quedaba tiempo para otra investigación:
- Ahora voy a pediros que contéis cuantos hombres y mujeres encontramos.
En este caso encontraron aproximadamente el mismo número. El padre volvió a ofrecerles otra pregunta:
- ¿Qué significa, para vosotros, esta coincidencia?
Ahora sus hijos estaban lanzados (el padre también), disfrutando de compartir sus ideas, aprendiendo juntos.
El hecho de que su padre quisiera saber sus hipótesis o sugerencias y las aplaudiera, que él también compartiera las suyas, les hizo vibrar y pudieron sentir el placer de aprender juntos. Por primera vez, el paseo hasta el colegio no fueron riñas ni disgustos. Fue una gran experiencia. Deseaban compartir lo que habían hecho con su madre cuando regresaran a casa. Querían incluir a su madre en el gran descubrimiento que habían realizado: aprender juntos era muy divertido.
Al día siguiente, esperaban con mucha ilusión el momento de salir hacia el colegio. Nadie se retrasó. Ellos ya habían pensado lo que querían observar ese día. Sabían que el juego había subido de nivel. Se sentían seguros y confiados para expresarse y compartir, ya que todas las ideas eran apreciadas y estudiadas. Observar y reflexionar era divertido pero llegar a sus propias conclusiones les permitía saberse inteligentes.
Cuando ponemos nuestra proactividad (iniciativa más recursos) al servicio de nuestra familia, aprovechando todas y cada una de las oportunidades de aprendizaje que la vida nos ofrece, podemos ayudarles a crecer y desarrollarse, nos ayuda a crecer y a desarrollarnos. Curiosamente, cuando aprendemos todos de todos, se genera un clima positivo y se experimenta genuina alegría que motiva el desarrollo personal y sobre todo fomenta la interdependencia y la sinergia, paradigmas y hábitos que nos hacen tomar conciencia de que hay resultados que por si solos nunca conseguiriamos, que precisamos de la cooperación conjunta para que sucedan.
Podemos ser los inspiradores de nuestros hijos, aprendiendo con ellos y permitiéndonos aprender de ellos. Si queremos podemos generar contextos de aprendizaje para sacar lo mejor de nosotros mismos y de nuestros hijos. Aprender con nuestros hijos puede ser lo mejor del día.
A veces, los grandes cambios se producen de forma imperceptible. En otros casos, un pequeño gesto provocará grandes cambios en nuestras vidas. La grandeza del gesto reside en la certeza de estar avanzando hacia donde queremos ir. Nos llena de esperanza. Nos vincula y nos permite experimentar el placer por aprender juntos. Competencia básica si queremos aprender a trabajar en equipo.
Si queremos ser el referente para nuestros hijos y transmitirles los valores en que creemos, como en este caso, el valor de aprender juntos, de escucharnos y respetarnos, de compartir y desarrollarnos, podemos buscar oportunidades para generar pequeños gestos de amor. Gestos que nos permitirán desarrollar el liderazgo de todos los miembros de la familia.
¿Cuándo fue la última vez que te divertiste aprendiendo con tus hijos?
¿Qué pequeño gesto por tu parte, cambiará vuestra relación?
¿Qué valores quieres transmitir a tus hijos?
¿Quieres que sea una prioridad para ti?
(*) Gracias Eloy, por compartir esta experiencia con todos nosotros. Ya ves, un pequeño gesto por tu parte, nos puede ayudar como padres a reflexionar e impulsar otros pequeños gestos que provoquen cambios importantes en nuestras familias.
Hermínia Gomà
25 de Junio 2010

disciplina
Directivos disciplinados equipos disciplinados
La disciplina deriva de discípulo y está vinculada al proceso de aprendizaje, al esfuerzo y a la constancia por aprender. La disciplina emerge de manera natural cuando vinculamos la visión al compromiso, es decir, sé lo que quiero hacer y lo realizo.
Cuantas veces oímos a ciertos directivos exclamar con cierto malestar o resignación: ¡No soy disciplinado!.
Es probable que nos sintamos reflejados con alguno de estos comentarios:
· Cuando convoco una reunión, entre unos y otros, ¡No hay manera de que pueda llegar puntual!
· ¡Me encantaría tener la mesa ordenada!,
· ¡Mira que me planifico, pero al final siempre sobrepaso el plazo de entrega!
· ¡No consigo dejar de fumar! ¡No consigo mantener la dieta! ¡No voy al gimnasio desde hace…!
· ¡Tengo muy buenos propósitos pero a la hora de la verdad me da pereza!
· ¡Me paso el día apagando incendios y no cumplo lo que había programado para hoy!
Dolor profundo, sentimiento de culpa, sumisa actitud derrotista impregnan estos comentarios, incluso cierta desazón, ya que hay otras personas que parecen disciplinadas por naturaleza, hacen lo correcto y en apariencia lo hacen sin esfuerzo. ¿Cómo lo consiguen los que son disciplinados? Aunque parezca una respuesta de perogrullo, las personas disciplinadas han logrado serlo a base de disciplina.
Si la disciplina está vinculada al aprendizaje, y no somos disciplinados a nivel personal o profesional, quizás simplemente estemos confirmando que en esa área de nuestra vida no hemos realizado los aprendizajes necesarios. Si la disciplina está vinculada a la ejecución, supone hacer lo que tengamos que hacer para realizar nuestra visión, venciendo nuestras resistencias. Ser disciplinado implica valorar las consecuencias de nuestras decisiones y reconocer que superar “el instante crítico”, momento delicado donde valoro el esfuerzo inicial en beneficio del bienestar a largo plazo puede marcar la diferencia. Con la práctica aprendo que a largo plazo vale la pena superar “el instante crítico” para lograr mis objetivos y así convertirme en una persona disciplinada.
Una de nuestras funciones como directivos es definir la realidad, a pesar de que esta no sea muy agradable. Cuando reconocemos que se requiere un esfuerzo por nuestra parte, cuando aceptamos libremente eligir hacer lo que sea necesario para cumplir nuestro compromiso, aprendemos a dar nuestra mejor respuesta. Somos disciplinados.
Imaginemos a un directivo que asiste a una feria importante con su equipo de trabajo, una feria del sector profesional de la compañía, fundamental para la organización. Este directivo llega a la feria y recoge en una enorme bolsa gran cantidad de folletos, tarjetas, muestras, está muy satisfecho con las posibilidades que vislumbra con todo el material que ha acumulado. Finalmente regresa a la empresa y en un rincón de su despacho deja el montón de información que ha ido recogiendo…pasan los días, y se dice a si mismo: “tan pronto tenga un momento lo reviso, lo ordeno y tomo notas”. Desdichadamente esto no ocurre. Poco a poco deja de ser prioritario y meses después harto de observar el recordatorio de su falta de disciplina todo aquel material termina en la papelera.
¿Qué es lo que este directivo aun no ha aprendido? ¿Qué está priorizando? ¿Qué decisión no sabe tomar? ¿Tiene visión de futuro o es cortoplacista? ¿Qué disciplina está enseñando a su equipo?
Realmente las personas somos disciplinadas en más ocasiones de las que pensamos. Me gustaría invitaros a reflexionar sobre vuestra disciplina. ¿En que situaciones eres una persona disciplinada? ¿Qué enseñanzas posees que te permiten serlo?
Si tú eres esa persona capaz de ser disciplinada en algunas parcelas de tu vida es probable que en el fondo de tu corazón encuentres:
- Vibrante pasión y entusiasmo
- Cualidades y talentos que estimulan tu mente y tu creatividad
- Un propósito claro y significativo
Curiosamente en esas situaciones sabemos lo que hay que hacer y además decidimos realizamos. Y al observar el resultado experimentamos autentica alegría y obtenemos grata satisfacción.
¿Qué ocurre cuándo inspiras con tu ejemplo a las personas de tu equipo? ¿Qué sucede cuando conectas con la pasión que albergan en su corazón, sus talentos personales, y sus aspiraciones más intensas? Surge la DISCIPLINA.
El equipo directivo marca la pauta de la disciplina de la organización. Cuando el equipo directivo no es disciplinado, ¿de qué manera afecta a la cultura de su organización? Si el “discípulo” aprende del maestro y se disciplina, las personas de la organización aprenden del equipo directivo y actúan en consecuencia.
La disciplina nos permite gestionar nuestra energía i nuestros talentos y así enfocarla hacia nuestros objetivos. Cuando somos disciplinados enseñamos disciplina a nuestros equipos conectando con su pasión, sus talentos y su propósito.
Hermínia Gomà
17 de Junio de 2010
Paradigmas subyacentes a la hora de liderar

paradigmas y liderazgo
Imaginemos a un directivo que afirma que su valor más importante para la organización son “las personas del equipo”, pero no dedica tiempo a sus colaboradores ya que continuamente está reuniéndose con sus clientes para aportar más oportunidades a su equipo. Imaginemos a otro directivo que coincide en que “las personas del equipo” son lo más importante y que ha decidido cambiar ciertas citas para dedicar más tiempo a sus colaboradores. ¿Dónde reside la diferencia entre ambos? Probablemente en su interpretación de este valor, en sus paradigmas.
En apariencia los dos directivos comparten el mismo valor sin embargo su manifestación es distinta. ¿A qué se podría atribuir?
- A que cada organización tiene su propia cultura o filosofía que la define y prevalece sobre el valor. En función de la cultura subyacente la interpretación y manifestación de los valores será distinta a pesar de que en apariencia defiendan los mismos valores.
- A que cada directivo parte de sus propios paradigmas a la hora de liderar. La manifestación del valor estará vinculada a su manera de ser y comprender el mundo.
Hay directivos eminentemente pragmáticos que creen que el valor de una idea, persona u organización depende de su utilidad. Estas personas acostumbran a pensar que son los principales responsables de sus vidas, su orientación es frecuentemente individualista y lideran estableciendo retos estimulantes y desafiantes. Desde su paradigma, o manera de entender la realidad, consiguen que el equipo aumente sus competencias y esté altamente motivado para conseguir resultados extraordinarios. Este directivo acostumbra a subrayar sus logros frente a la competencia y utiliza metáforas como ganar, aplastar o eliminar a la competencia. Puede sacrificar a uno de sus colaboradores por el bien del equipo.
Otros directivos preferentemente intelectuales creen en el valor de comprender a las personas, las conductas o las organizaciones y elaboran modelos para poder predecir las tendencias futuras. Estos directivos confían en las competencias de sus colaboradores, son racionales, creen que no es necesario tratar de convencer a los demás, que presentando una solución lógica demostrarán las bondades de su propuesta. Pueden ser visionarias siempre que la predicción sea razonable. Este directivo acostumbra diseñar un objetivo común que resulta movilizador para el equipo generando positividad entre los miembros del equipo, es muy necesario cuando el cambio requiere una nueva visión o una dirección clara. Es el directivo que expresa abiertamente la creencia de que su organización puede contribuir a crear un futuro mejor para la sociedad.
Finalmente hablaremos de los directivos humanistas que creen en el valor de las relaciones personales. Personas comprometidas con los valores humanos. El valor de cualquier actividad depende en como afecta a sus relaciones y por ejemplo pueden valorar más ciertas actitudes de sus colaboradores más que su competencia o habilidad. Establece puentes de conexión entre los objetivos de cada colaborador y la misión de la organización. Para este directivo generar un clima de armonía es fundamental. Estimula el compromiso mediante la participación. Su impacto sobre el clima de la organización es muy positivo. Es muy apropiado cuando se pretende desarrollar el potencial de los colaboradores, inspirar en situaciones críticas, fortalecer relaciones, llegar a un acuerdo y conseguir la participación de los colaboradores.
Solo por curiosidad,
¿Estás pensando en otros estilos de liderazgo?, ¿Tus directivos entrarían en alguna de estas categorías?
¿Cuál es el estilo que querrías en tu organización?
Vuestras aportaciones serán muy enriquecedoras, gracias!!!

Mantener vivo el fuego de la misión
“Gregorio dirige un departamento en una organización donde el trabajo requiere mucho compromiso por parte de todos. Al inicio, sus colaboradores estaban muy implicados, pero poco a poco fue decreciendo su motivación y su entusiasmo. El ritmo de trabajo se ralentizó y los resultados cada vez eran más pobres. La iniciativa era nula y habían olvidado porqué eligieron trabajar en esa organización”.
Esta es una realidad demasiado frecuente para muchos directivos. ¿Qué podemos hacer en estos casos?
En primer lugar dialogar individualmente con cada colaborador. Es fundamental que el directivo habitualmente invierta tiempo en dialogar con cada persona de su departamento. ¿Con qué finalidad? Para que el directivo pueda conocer el malestar, la frustración o los problemas que están aquejando a su equipo. De esta manera el directivo podrá reconocer que les ha llevado al desencanto y la rutina. Saber que era lo que antes les inspiraba y como volver a conectar con el faro que los estimula.
¿Cuál es el resultado más frecuente? Identificar las fuentes de desánimo y frustración. Que el directivo al dialogar uno a uno puede volverlos a vincular con los valores que les inspiraban y por tanto cambiar las actitudes. Reconectar con el sentido de pertenencia y el orgullo de ser miembros de dicha organización.
En segundo lugar dialogar conjuntamente todo el equipo. Trabajar juntos para volver a definir la visión conjunta del departamento para contribuir a la misión de la organización. ¿El resultad? Al dialogar y poner sobre la mesa la situación actual y la voluntad de cambio renace la iniciativa y el deseo de volver a conectar con valores como la ilusión, la aportación, la excelencia que son los que les han inspirado a la hora de elegir ser miembros de la organización a la que pertenecen.
En tercer lugar descubrir que factores les han alejado de su misión. Saber que obstáculos les han frenado, que recursos les han faltado. De esta manera el directivo toma consciencia de la importancia de marcar el rumbo y dirigir a su equipo, de estar presente y ser un referente para todo su equipo. ¿Qué conseguiremos? Generar confianza en los talentos de cada colaborador para ser más proactivos e invertir en aquellas actuaciones que nos permitan obtener mayor satisfacción personal y profesional, siendo el mejor incentivo para crear un entorno estimulante y enriquecedor.
De esta manera podremos concretar los problemas y redefinir la visión del departamento, donde la transparencia y una mentalidad más abierta permita centrarnos en los resultados que deseamos. El directivo definirá el rumbo, sin imponer a nadie lo que debe hacer ya que cada uno sabrá como contribuir con su tarea y función específica. Dota al equipo de una imagen precisa del objetivo a alcanzar y de una definición clara de lo que se espera de ellos.
Es función del directivo mantener viva la llama de la misión, hacerla presente a la hora de tomar decisiones fundamentales, ya sea al marcar objetivos, cuando se definen las estrategias o al evaluar los resultados. Vincular las decisiones con la misión da sentido a la labor de cada miembro del equipo y le permite valorar su aportación en la consecución de los logros conjuntos.
¿Cuál es la misión que nos inspira?
¿Cuándo la transmitimos?
¿Tenemos presente la misión a la hora de tomar nuestras decisiones?
Hermínia Gomà
4 de Junio 2010
Obligación versus elección

¿Elegimos o lo hacemos porque toca? Cuántas veces oimos quejas del estilo: “tengo que hacerlo…”, “no me queda otro remedio…”, Si una actividad agradable la realizo por obligación acabará provocando rechazo, generaré resistencia. Cuando elijo esa misma actividad porque cumple un propósito, lidero mi vida, al hacerme responsable de cómo decido invertir mi tiempo. Cuando soy consciente de que elijo hacer lo que hago, doto de sentido el esfuerzo y el tiempo que invertiré en ello, hasta la tarea más tediosa podrá resultar estimulante.
¡Hagas lo que hagas, conéctalo a un propósito estimulante!
Cada acción que emprendemos cumple un propósito. Cuando el propósito no es estimulante lo vivimos como una obligación, como algo que preferiríamos no hacer, que lo hacemos porque no tenemos otra opción. En estos casos podemos acabar odiando aquello que hacemos. Ser conscientes de que siempre nos queda otra opción conecta con nuestra libertad para elegir hacelo diferente. Elegir significa escoger una opción para rechazar otra. Es el miedo a lo que deberemos enfrentarnos o la tristeza por abandonar lo fácil y conocido lo que nos impide algunas veces ejercer nuestra libertad para decir: Elijo hacer esto siendo consciente de que niego la otra opción.
Algunas veces escuchamos comentarios del estilo: “Si no lo hago yo quien lo hará, y se tiene que hacer” “Es mi obligación hacer que las cosas sean así”, con una carga de dolor y amargura. Pero realmente si nos paramos y reflexionamos sobre todas aquellas cosas que “creemos estar obligados a realizar”…y probablemente la lista puede ser bastante larga, tomaremos consciencia de lo que realmente nos está impidiendo ser felices. No se trata de las cosas que hacemos, ya que cuando realmente profundizamos y somos honestos con nosotros mismos, lo que nos produce dolor es saber desde estamos eligiendo. Cuando lo meditamos detenidamente podemos reconocemos que nos estamos engañando a nosotros mismos al pensar que lo hacemos por obligación, realmente cada acción que emprendemos esconde un propósito.
Lo lamentable es que los motivos que nos llevan a elegir realizar esas acciones esconden valores que no nos gusta reconocer en nosotros mismos, por ejemplo podemos hacerlo por dinero, por agradar a los demás, por aprobación, para evitar el castigo, para escapar de la vergüenza, para no sentirnos culpables, porque es un deber….
Para tomar consciencia que detrás de cada acción hay un propósito y que por tanto estoy eligiendo puedo hacer el siguiente ejercicio:
Elijo ….porque quiero….
¿Qué busco? ¿Qué pretendo al realizar esa acción? ¿Qué beneficios obtengo?, en lugar de lamentarnos de hacer lo que hacemos por obligación, tomamos consciencia del propósito que nos guía a elegir: estar bien con nosotros mismos, ayudar a las personas que queremos, contribuir con nuestra aportación…
Cuando elegimos hacer las cosas por motivos inspiradores elegimos liderarnos, elegimos contribuir a nuestro bienestar y al de los demás. Elegimos en función de nuestros valores al cambiar el “debo hacer…” por:
Elijo… porque quiero
En función de mi propósito elijo hacer lo que hago. ¿Para qué voy a hacerlo? Para ser coherente con mi propósito en la vida, porque soy responsable de mis decisiones en función de mis valores más profundos. Porque quiero liderar mi vida. Porque me permite conectar con lo mejor de mi.
¿Has elegido de manera consciente lo que vas a realizar a continuación?
¿Para qué lo vas a hacer?
Hermínia Gomà
1 de Junio 2010
¿Qué nos gustaría pedir a los demás?

¡Qué difícil! ¿Qué me gustaría pedir a los demás? A mi jefe, a mis compañeros de trabajo, a mis colaboradores, a mis hijos, a mi pareja, a mi familia,…
Primero he de saber que necesito realmente de los demás. ¿Es un deseo o una necesidad? Y si realmente es una necesidad, ¿de dónde nace?, de mi necesidad de delegar, de compartir, de crecer, de comunicarme, de expresar, de cambiar al otro, de mi cansancio, de mi miedo, de mi frustración…
Cuando he clarificado cual es mi necesidad y dónde se origina, la manera en que expreso mi necesidad repercutirá en los resultados. En algunas ocasiones no somos conscientes de que nuestra manera de pedir no es clara, y la otra persona interpreta de manera incorrecta lo que le hemos pedido. Por ejemplo, recuerdo el caso de una persona que se sentía mal con su directora por considerar que había sido injusta, ya que le había discriminado a la hora de participar en un proyecto. Cuando sacó el tema en su proceso, empezó a quejarse. Escuché su queja y le expresé que compendia su malestar.
A continuación le pregunté:
- ¿Qué pretendes de la directora?
- Nada, cuando se lo dije me contestó que ese era su criterio.
- ¿Qué le pediste a la directora?
- Le dije que no me había gustado que no me tuviera en cuenta a la hora de participar en el proyecto
- ¿Cómo habrías obtenido una respuesta más satisfactoria?
- Probablemente si le hubiera pedido lo que quería en lugar de decirle lo que no me había gustado, el resultado habría sido diferente.
- ¿Qué le quieres pedir a la directora?
- Que me gustaría formar parte del nuevo proyecto. Si no es posible añadirme al actual, ¿qué puedo hacer para colaborar en el siguiente?
Habitualmente cuando pedimos y no conseguimos el resultado que esperamos consideramos que no se puede pedir nada, sin reflexionar que quizá nuestra demanda no se ha expresado de manera clara y que el resultado sería más positivo si nuestra demanda fuera concreta y específica, en lugar de expresar lo que no nos ha gustado del comportamiento del otro.
Si no nos dan lo que pedimos, puede ser que no esté en manos de la otra persona satisfacer nuestra necesidad, pero la mayoría de veces es porque no tenemos claro lo que queremos pedir o no sabemos formularlo de manera precisa.
Para lograr nuestra meta en primer lugar clarificaremos si es una necesidad o es un deseo, en segundo lugar concretaremos lo que queremos pedir y a continuación lo expondremos a la persona indicada de manera asertiva.

¿Quién te sabe escuchar?
¿Cómo es tu relación con la persona que te comprende?

Empatia
Hoy, me gustaría relataros una experiencia muy reveladora que le ocurrió a Patricia, y cómo este suceso marcó de manera definitiva sus relaciones:
Cuando Patricia se iniciaba en su rol como directora, descubrió el valor de la empatía. Mientras se marchaba a una reunión, se encontró con Julia, que con la faz entristecida se dirigía hacia ella:
- Patricia, ¿te has encontrado alguna vez colapsada ante
un nuevo proyecto?
- Sí, me parece entender como te puedes sentir.
Entonces Julia, empezó a relatarle lo que le estaba sucediendo. A pesar de que Patricia tenía que atender un asunto muy importante, le dijo:
- Julia, ¿qué puedo hacer por ti?
Entonces Julia se acercó a Patricia, le puso la mano sobre el brazo, y mirándole a los ojos y con voz firme le dijo:
- Patricia, no quiero que hagas nada especial, sólo necesito que me escuches.
La calidad de nuestras relaciones está firmemente vinculada a nuestra capacidad de escuchar y comprender. Si verdaderamente alguien nos importa, la mejor prueba que podemos ofrecerle es nuestra empatía. La escucha implica generosidad, la comprensión implica respeto. Generosidad y respeto son principios imprescindibles si queremos generar armonía en nuestras interacciones.
Algo maravilloso sucede cuando nos escuchan y realmente nos comprenden. Al poder expresar libremente en voz alta nuestras preocupaciones, ordenamos nuestros pensamientos. Cuando nos comprenden, empezamos a comprendernos. Al ser comprendidos legitimamos nuestras emociones, se mitigan nuestros miedos internos y empezamos a despejar nuestras dudas, ganamos confianza y empezamos a ordenar nuestras ideas y sentimientos.
La empatía libera la tensión que estábamos conteniendo. Podemos percibir nuestra realidad y a nosotros mismos con una mirada más diáfana y avanzar hacia delante. El hecho de que alguien nos escuche y nos comprenda nos hace sentir más competentes y nos ayuda a desbloquearnos y encontrar la solución por nosotros mismos.
La empatía construye relaciones. La empatía nos permite reconocer al otro, comprometernos con el valor de esa persona. Cuando paramos para escuchar al otro le estamos transmitiendo que como ser humano es prioritario para nosotros. No se trata de que el tema sea importante o no, la importancia la tiene la persona a la que estamos escuchando. Si queremos que los demás nos escuchen y nos comprendan primero tendremos que hacerlo nosotros.
¿Escuchas como querrías que te escuchasen a ti?
¿Qué puedes hacer diferente a partir de ahora mismo?
Hermínia Gomà
15 de Mayo 2010
Comentarios del post
MOLTES GRACIES, HERMINIA, PELS TEUS CONSELLS QUE PODEN AJUDAR A MOLTA GENT.
M.ÀNGELS MUNTADA
“Ser personas felices y capaces de contribuir en la construcción de un mundo mejor”
Pot plantejar-se algú un objectiu més alt que aquest a la vida ? Pots desitjar quelcom més que això, a banda de salut, a un fill o filla ? Personalment crec que no. Ara ja sols cal conèixer el mapa, del que algú ja ha fet un croquis, i que ens ha de portar a aquests objectiu, però tinguem-ho clar el mapa cal acabar-lo i concretar-lo, cadascú el seu. A això m’hi posaré a l’octubre, si no hi ha res que m’ho impedeixi, és clar.